GUILLERMINA LÓPEZ BENDITO

GUILLERMINA LÓPEZ BENDITO

Bio

Nací en la Republica Dominicana en época de huracanes, de ahí mi segundo nombre Eloísa, en memoria de aquel con el que vine al mundo. ¡Quizás por eso me asusta tanto el viento! Siempre me gusto explorar, investigar, buscar respuestas y quizás por eso estudié Biología. Eso fue en la Universidad de Alicante y un buen día un Profesor del Instituto de Neurociencias vino a buscar “mentes” y yo me subí al carro, de eso hace 21 años.

Hice la Tesis doctoral en el Instituto de Neurociencias con Alfonso Fairén y Rafael Luján y de ellos aprendí muchas cosas sobre el cerebro, pero sobre todo que esta carrera depende de uno mismo, del tesón, la constancia y la fuerza de voluntad. Tras acabar mi tesis doctoral me marche a Oxford, asustada por el reto, pero muy ilusionada por la aventura inglesa. Me uní al laboratorio de Zoltán Molnár donde aprendí todo acerca del desarrollo de conexiones neuronales, del tálamo y de lo importante que es hablar ¡inglés! Fue una etapa maravillosa, disfrute muchísimo y me enamore del sistema talamocortical, modelo en el que sigo trabajando.

Tras cuatro años en Oxford, volví a España, al Instituto de Neurociencias con un contrato Ramón y Cajal acogida por el laboratorio de Oscar Marín donde aprendí las herramientas para empezar mi grupo. A los tres años de mi regreso a España conseguí una plaza por el CSIC, de eso hace más de 10 años. Durante este tiempo conocí al que es hoy mi pareja, también investigador del cerebro, y hemos tenido dos hijos, lo más importante de mi vida, lo que ha hecho ponerle perspectiva a todo. Y durante este tiempo hemos crecido, hemos madurado todos y ahora el laboratorio es un grupo grande y apasionado de personas con vidas entregadas a descubrir cada día algo nuevo sobre el tálamo y sus conexiones.

Proyecto ERC: “SENSORTHALAMUS”

El tálamo es una estructura simétrica localizada en el centro del cerebro, formada por dos mitades aovadas unidas por su parte anterior lateral. Del tamaño de una nuez, el tálamo funciona como un controlador de la información que llega al cerebro procedente de los sentidos, a excepción del olfato. Su misión consiste en seleccionar los datos relevantes para enviarlos a la corteza cerebral, donde serán procesados. Sin esta labor de filtrado, la corteza cerebral se colapsaría por el exceso de información. Las conexiones entre estas dos regiones del cerebro, denominadas tálamo-corticales, se establecen temprano en el desarrollo embrionario y están bastante maduras en el momento del nacimiento.

El tálamo es esencial, también, para que se lleven a cabo las adaptaciones que tienen lugar cuando alguno de los sentidos no se desarrolla adecuadamente o se pierde totalmente antes del nacimiento, un proceso que se denomina deprivación sensorial temprana.

Gracias a esta capacidad de adaptación mediada por el tálamo, denominada plasticidad, se pueden compensar defectos que afectan a los sentidos potenciando otros. El grupo de la investigadora Guillermina López Bendito utiliza ratones sin retina, esencial para la vista, o sin cóclea, fundamental para el oído, para estudiar qué ocurre en la zona de la corteza cerebral, encargada de procesar la información visual o auditiva, respectivamente, cuando esta falta.

Con su trabajo ha descubierto que el área de la corteza cerebral que procesa la información procedente de los bigotes de los ratones, equivalentes a nuestro tacto, aumenta un 15% para compensar la falta de visión. Según ha explicado la investigadora López Bendito, “esto es lo relevante, porque no se debe a la experiencia, ya que hasta los 15 días después del nacimiento los ratones normales tienen los ojos y los oídos cerrados. Y significa que el cerebro detecta que la retina no está funcionando y pone en marcha los cambios necesarios para compensar la falta de visión antes del nacimiento, cuando los ojos aún no están operativos. Y la estructura que media estas adaptaciones es precisamente el tálamo”. El objetivo de esta línea de investigación del grupo que dirige Guillermina López es encontrar formas de restaurar los circuitos sensoriales dañados. Para ello, trabajan en la reprogramación de un tipo de células del cerebro, denominadas astrocitos, que esperan convertir en neuronas para restaurar los sentidos alterados.

Bio

Nací en la Republica Dominicana en época de huracanes, de ahí mi segundo nombre Eloísa, en memoria de aquel con el que vine al mundo. ¡Quizás por eso me asusta tanto el viento! Siempre me gusto explorar, investigar, buscar respuestas y quizás por eso estudié Biología. Eso fue en la Universidad de Alicante y un buen día un Profesor del Instituto de Neurociencias vino a buscar “mentes” y yo me subí al carro, de eso hace 21 años.

Hice la Tesis doctoral en el Instituto de Neurociencias con Alfonso Fairén y Rafael Luján y de ellos aprendí muchas cosas sobre el cerebro, pero sobre todo que esta carrera depende de uno mismo, del tesón, la constancia y la fuerza de voluntad. Tras acabar mi tesis doctoral me marche a Oxford, asustada por el reto, pero muy ilusionada por la aventura inglesa. Me uní al laboratorio de Zoltán Molnár donde aprendí todo acerca del desarrollo de conexiones neuronales, del tálamo y de lo importante que es hablar ¡inglés! Fue una etapa maravillosa, disfrute muchísimo y me enamore del sistema talamocortical, modelo en el que sigo trabajando.

Tras cuatro años en Oxford, volví a España, al Instituto de Neurociencias con un contrato Ramón y Cajal acogida por el laboratorio de Oscar Marín donde aprendí las herramientas para empezar mi grupo. A los tres años de mi regreso a España conseguí una plaza por el CSIC, de eso hace más de 10 años. Durante este tiempo conocí al que es hoy mi pareja, también investigador del cerebro, y hemos tenido dos hijos, lo más importante de mi vida, lo que ha hecho ponerle perspectiva a todo. Y durante este tiempo hemos crecido, hemos madurado todos y ahora el laboratorio es un grupo grande y apasionado de personas con vidas entregadas a descubrir cada día algo nuevo sobre el tálamo y sus conexiones.

Proyecto ERC: “SENSORTHALAMUS”

El tálamo es una estructura simétrica localizada en el centro del cerebro, formada por dos mitades aovadas unidas por su parte anterior lateral. Del tamaño de una nuez, el tálamo funciona como un controlador de la información que llega al cerebro procedente de los sentidos, a excepción del olfato. Su misión consiste en seleccionar los datos relevantes para enviarlos a la corteza cerebral, donde serán procesados. Sin esta labor de filtrado, la corteza cerebral se colapsaría por el exceso de información. Las conexiones entre estas dos regiones del cerebro, denominadas tálamo-corticales, se establecen temprano en el desarrollo embrionario y están bastante maduras en el momento del nacimiento.

El tálamo es esencial, también, para que se lleven a cabo las adaptaciones que tienen lugar cuando alguno de los sentidos no se desarrolla adecuadamente o se pierde totalmente antes del nacimiento, un proceso que se denomina deprivación sensorial temprana.

Gracias a esta capacidad de adaptación mediada por el tálamo, denominada plasticidad, se pueden compensar defectos que afectan a los sentidos potenciando otros. El grupo de la investigadora Guillermina López Bendito utiliza ratones sin retina, esencial para la vista, o sin cóclea, fundamental para el oído, para estudiar qué ocurre en la zona de la corteza cerebral, encargada de procesar la información visual o auditiva, respectivamente, cuando esta falta.

Con su trabajo ha descubierto que el área de la corteza cerebral que procesa la información procedente de los bigotes de los ratones, equivalentes a nuestro tacto, aumenta un 15% para compensar la falta de visión. Según ha explicado la investigadora López Bendito, “esto es lo relevante, porque no se debe a la experiencia, ya que hasta los 15 días después del nacimiento los ratones normales tienen los ojos y los oídos cerrados. Y significa que el cerebro detecta que la retina no está funcionando y pone en marcha los cambios necesarios para compensar la falta de visión antes del nacimiento, cuando los ojos aún no están operativos. Y la estructura que media estas adaptaciones es precisamente el tálamo”. El objetivo de esta línea de investigación del grupo que dirige Guillermina López es encontrar formas de restaurar los circuitos sensoriales dañados. Para ello, trabajan en la reprogramación de un tipo de células del cerebro, denominadas astrocitos, que esperan convertir en neuronas para restaurar los sentidos alterados.